El enfado

Enfado

Todas esas puntas afiladas para protegerte. Eres frío como la pizarra, pero el sol puede calentarte. Querría poner un pie dentro de ti y no me atrevo. Quizás viéndote desde abajo, desde el suelo. Y me dejas entrar por un lateral, recogida. Es como nacer pero esta vez en vez de salir, entrando.

Y dentro me siento como un puerco espín, en posición fetal y rodeada de pinchos. Querría saltar, reventarlo todo y hacerme mayor. Respiro, respiro porque me gustaría no utilizar la violencia para romper esta estructura. Me gustaría que poco a poco fuera erosionándose, tomando formas más redondeadas. La erosión es lenta, agua y viento.

Dentro del enfado no se está mal, pero es muy opresivo. Como diría Mamen, es un clavo que duele, pero no lo suficiente como para arrancarlo. El enfado es una montaña, una montaña que crece como los himalayas. Y en algún momento, su crecimiento acabará, y se volverá vieja como los pirineos. Es como el ciclo de los volcanes que explotan y se duermen. Todo necesita su tiempo y a veces nos gustaría que todo fuera mucho más rápido.

Necesito salir de aquí. Sale la cabeza, los hombros y luego el resto del cuerpo. Es un proceso de nacimiento.

Y aquí estoy otra vez delante del enfado. Se ha hecho más pequeño. O yo me he hecho mayor. Es como un juguete, un juego de mesa, un tablero de juego representando montañas y un territorio. No sé cuáles son las instrucciones y el objetivo del juego. No sé si es atravesar al otro lado, subir a la montaña central más alta. No sé si sólo necesita que vaya cayendo agua y que vaya llegando el viento para erosionarlo. Es un trabajo de millones de años. Esta montaña seguirá estando aquí.

Ahora es como si se hubiera vuelto un pastel y me estuviera invitando a comérmelo. Es como si fuera de pasta de azúcar de color gris y negro. Debajo bizcocho con mermelada, dulce. Es como si fuera uno de esos pasteles que parecen montañas de Montserrat. Y siento que hay mucha energía ahí dentro. Mucha energía, y quiero sentirla.

La toco, la envuelvo y vuelvo a estar dentro. Es una habitación de bebé a tonos rosa pastel. No hay enfado. Es todo dulzura y amor. Pájaros volando y piando. Los móviles a mi alrededor giran y giran. Es como si ahora pudiera conectar con esa fuerza interna. El enfado no es para rebotarme, es para conocer esta fuerza. Es la fuerza que puede hacer explotar el enfado, pero sin rabia y sin enfado. Es sólo una fuerza. Siento un sofoco, el calor de las placas tectónicas en movimiento, el calor del magma de la tierra y la lava de los volcanes. Respiro y siento la entereza de la fuerza, del crecimiento. Es la fuerza de la montaña para su crecimiento. Dejo que mi cuerpo absorba esa fuerza y siento que este trabajo ha terminado.

Vuelvo a mirarlo desde fuera. Ahora es sólo un monumento homenaje a la fuerza de la vida.

Gracias

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